viernes, 16 de noviembre de 2007

AYER Y HOY EN FOTOS

Mercedes Goette Goettig, mi madre, a los 18 años

Nuestro abuelo, Ignacio Goette Rausch


Nuestra abuela, Ana Bárbara Goettig Vogel


Nuestro bisabuelo, Francisco Goette Ziegler


Nuestra bisabuela, Bárbara Rausch Sacks de Goette, esposa de Francisco Goette

Nuestros abuelos, Bárbara Goettig Vogel e Ignacio Goette Rausch, junto a sus diez hijos, un yerno y dos nietos, aproximadamente en 1931

Parte de los nietos y una nuera de Bárbara Goettig e Ignacio Goette, el 3 de noviembre 2007

Varios nietos y una hija de Ignacio Goette y Bárbara Goettig,
en Crespo, el 22 de marzo de 2008


DE APELLIDOS Y ANCESTROS

Comencé este viaje a la genealogía hace poco más de un año, en el momento en que descubrí que desconocía gran parte de mi familia y sus raíces. Con el optimismo "primerizo", pensé en explorar todos los apellidos por línea materna: Goette (Götte/Gette), Goettig (Göttig/Gettig), Rausch y Vogel. A poco de andar debí moderar mis pretensiones: Cada apellido se ramificaba al infinito. Decidí concentrarme sólo en Goette en primer término. Aún así, la cuestión era por dónde empezar, puesto que quienes hubieran sido mis informantes clave ya hacía mucho tiempo que habían fallecido.

Aquí Google fue mi mano derecha: Pedí al buscador cada una de las diferentes versiones del apellido Goette más la palabra Volga y allí aparecieron los sitios GER-RUS-ARG y CACW. El primero era una lista de intercambio de información sobre diferentes tópicos relacionados con los alemanes del Volga, principalmente búsquedas genealógicas, y el segundo correspondía al Centro Argentino Cultural Wolgadeutsche. Me suscribí a ambos y rápidamente me hicieron llegar la poca información disponible. Aquí fue vital que Celso Unrein, presidente del CACW en aquel momento, me comentara que el apellido Goette provenía de la Colonia Semenowka, situada en el lado montañoso del Volga (Bergseite), no muy lejos de Saratov.

Así fuí enterándome que Semenowka (1767) era una de las tantas colonias fundadas por alemanes católicos que se instalaron en las inmediaciones del Volga en respuesta al Manifiesto de Catalina la Grande invitando a ciudadanos de diversos países europeos a radicarse en territorio ruso, para lo cual les ofrecía una serie de tentadoras promesas.

Otra vez Google vino en mi ayuda para explorar Semenowka y así supe que tanto la AHSGR (American Historical Society of Germans from Russia) como el Sr. Kevin Rupp, en EEUU, tenían material traducido al inglés para la venta: libros, censos, mapas, etc. Adquirí algunos libros y los censos de Semenowka disponibles: 1798, 1834 y 1857 y Celso Unrein me facilitó la lista de fundadores de la Colonia.

Fue una gran decepción no encontrar a ningún Goette entre los fundadores, pero en el censo de 1798 encontré nada menos que a 31!!

Lo que surge claramente a partir de este documento es que en algún momento, antes de 1782, ocho hermanos Goette se radicaron en Semenowka: cinco varones y tres mujeres. Sus nombres fueron Christian, Kasper, Friedrich, Johann Adam, Valentin, Maria Theresia, Margaretha y Klara Elisabetha.

Hasta la fecha no he logrado establecer la procedencia de estos hermanos. Algunos indicios, aún pendientes de confirmación, parecen señalar a Grossenlüder, Hesse, como el lugar de origen de la familia.

Sospecho, por sus edades, que llegaron con sus padres, pero no he hallado registro de ellos. El único dato fehaciente que poseo es que Franziska , hija de Christian Goette (1753), es la primera persona de la famila Goette nacida en Semenowka. Pudiera ser que su hermano mayor, Johannes, también hubiese nacido allí, pero no hay constancias.

En el censo de 1798, primer documento disponible, el apellido aparece escrito de diversas formas: Get, Ged, Geten, Gete y el traductor señala entre paréntesis las posibles grafías para estos apellidos, de acuerdo con el Diccionario de Nombres Alemanes de Hans Bahlow: Gette, Götte, Götten, Göthen.

Las evidencias de que este era un grupo de hermanos provienen de tres observaciones:
1. Sus edades escalonadas son compatibles con el vínculo de hermanos.
2. Aparecieron todos al mismo tiempo y en la misma colonia.
3. Los recién nacidos, según era tradición entre los alemanes del Volga, eran apadrinados por un hermano y hermana de los padres. A la criatura se le asignaba el nombre de su padrino o madrina que al mismo tiempo era su tío o tía. Al revisar los nombres de los primeros descendientes de los cinco hermanos Goette, encontré precisamente los nombres de sus tíos y tías. A propósito, esta tradición se mantuvo hasta los días de la fundación de las colonias de alemanes del Volga en la Argentina y luego se fue perdiendo gradualmente.

Esta forma de nombrar a los hijos resultó una ventaja para mis investigaciones genealógicas, sobre todo para las generaciones iniciales, pero luego también constituyó una desventaja porque finalmente siempre se repetían los mismos nombres dentro de las diferentes familias de una misma generación y a lo largo de las sucesivas generaciones, produciendo una confusión muy grande.


A esta altura corresponde comentar que, siguiendo la usanza alemana, las mujeres perdían su apellido al casarse y eran completamente asimiladas por la familia del esposo, cuyo apellido adoptaban. A los fines genealógicos se vuelve muy difícil rastrearlas. Por esta razón, mi investigación se ha concentrado en los cinco hermanos Goette, no así en sus hermanas.

Otra cuestión que complicó mi investigación fue que los censos eran levantados por funcionarios rusos que, naturalmente, escribían utilizando los caracteres cirílicos. En el idioma ruso no tenían una letra equivalente a nuestra H. Ellos resolvían el problema reemplazando todas las H por el carácter cirílico equivalente a nuestra G. Esto hizo que muchos apellidos quedaran eternamente alterados, por ejemplo Hoffmann se transformó en Goffmann. Por esta razón, todos los apellidos provenientes de la zona del Volga comenzados con G son "sospechosos" de alteración, estando Goette/Götte/Gette dentro de este grupo. No se puede establecer si esta fue la forma original del apellido o, tal vez Hötte, Hoethe o algo parecido o alguna otra forma insospechada.

Para continuar con el enigmático tema debo mencionar otro detalle no menor: Los reclutadores designados por Catalina la Grande para interesar y transportar a los inmigrantes europeos a Rusia hablaban mayoritariamente francés, con escaso o nulo conocimiento del alemán. A estos reclutadores les encantaba "afrancesar" los apellidos, vaya a saber por qué sentido patriótico o práctico, de donde tenemos otra fuente de deformación.

Pero aún hay más: Durante los siglos XVIII y XIX los censistas rusos del área del Volga no trabajaban sobre la base de los documentos personales sino sobre la base de una conversación entre censista y jefe de familia. El censado daba su nombre y apellido y el funcionario anotaba como podía el sonido que escuchaba, algunas veces ayudado por un traductor poco versado en lectura y escritura del alemán y completamente ignorante de los caracteres cirílicos.

Sea como fuere, el apellido llega a la Argentina con tres grafías diferentes, aludiendo siempre al mismo tronco familiar: Goette, Götte y Gette. Así es como resulta que todos los Goette (en cualquiera de sus versiones) residentes en la Argentina, tenemos algún grado de parentesco, más lejano o cercano, por ser descendientes de alguno de estos cinco hermanos que se radicaron en Semenowka allá por el 1770.


Buscando datos en Entre Ríos, Argentina
Una vez ubicados mis ancestros en la zona del Volga, el sentido común me dijo que la parte más compleja de mi búsqueda genealógica había quedado atrás. Ahora, sólo me restaba explorar los registros de Argentina en general y de Entre Ríos en particular y eso sería algo mucho más fácil y más rápido.
Nada más lejos de la realidad! La tarea de ir enganchando los eslabones locales de la familia me llevó a un trabajo insospechado.

Nuevamente necesité comprar bibliografía. Dos ejemplares que me resultaron particularmente útiles fueron "Crónicas de Otros Tiempos" de Generoso María Stang y "Resumo Histórico e Genealogia dos Alemaes do Volga" de Carlos Alberto Schwab, pero en total habré leído unos ocho libros, editados en Argentina y uno proveniente de Brasil.

Si bien esta lectura puede parecer exagerada cuando uno tiene el solo objetivo de construir su árbol genealógico, doy fe que fue absolutamente necesaria para entender el proceso de radicación de los alemanes del Volga en nuestro territorio. Cada libro me aportó datos valiosos para ir armando mi "rompecabezas": listas de fundadores, movimientos entre aldeas, fechas, nombres de localidades que ni siquiera aparecen en los mapas o ya no existen más, etc.

Naturalmente, esto no fue suficiente, así que viajé a Crespo, Entre Ríos, donde visité la biblioteca y, muy bien asesorada, pude leer material de interés para mi búsqueda, particularmente publicaciones de La Agrícola, donde encontré una entrevista a mi tío bisabuelo Pedro Goette, al parecer muy comunicativo, dando detalles familiares y datos de su partida de Rusia junto a mi bisabuelo, su arribo a Argentina y las peripecias de los primeros tiempos hasta establecerse en Crespo.

En el mismo viaje visité el cementerio y en una minuciosa recorrida pude leer las lápidas y tomar datos de nombres, fechas de nacimiento y fallecimiento y algunos otros detalles.

Cada nuevo dato que encontraba abría nuevos interrogantes y lo único que tenía era un "proyecto de árbol genealógico" todo deshilachado y con muchos espacios en blanco o desconectados entre sí.

Mis vicisitudes parecían no tener fin, pero en esta ocasión vino en mi socorro, a través de GER-RUS-ARG, mi amigo virtual Pablo Simon. Con tremenda generosidad me enseñó a buscar ancestros a través de las actas de bautismos, casamientos y defunciones en los libros parroquiales microfilmados por los mormones.

Concurrí a uno de los Centros de Historia Familiar y solicité los rollos correspondientes a Crespo, Aldea Santa María y Diamante/Aldea Valle María, todas localidades situadas en Entre Ríos.

La tarea de leer todas las actas me ha insumido varios meses e incontables horas tomando notas, además de tener que descifrar caligrafías imposibles de describir. Este trabajo fue muy fructífero porque me permitió completar muchos de los parentescos faltantes.

Revisar las actas también me puso frente a datos sobre los que jamás me había detenido a pensar y que me conmovieron profundamente. Uno de ellos fue la alta tasa de mortalidad infantil que existió en aquellos años en nuestro país; otro fue la poca preocupación que había por la grafía de los apellidos, habiendo hallado muchas veces un mismo apellido escrito de dos o tres modos diferentes en un mismo documento o en diversas actas correspondientes a la misma familia. También me sorprendió que esta falta de preocupación fuera extensiva a las personas que concurrían a la parroquia por bautismos, casamientos o funerales. La falta de enmienda de las actas me hace suponer que para ellos no era materia de interés la forma en que escribían sus apellidos.

Un dato curioso fue encontrar un acta firmada por mi tío bisabuelo, Pedro Goette, en su calidad de padrino de un bautismo, en la cual escribió de su puño y letra "Göette" con diéresis y "oe" al mismo tiempo... Pareciera ser que hasta la década de 1900 seguía en duda la grafía correcta del apellido.

Pero el hallazgo más sorprendente y conmovedor fue el descubrir que mi bisabuelo, Francisco Goette, no sabía firmar y cuando era requerido como padrino, y lo fue muchas veces, otra persona firmaba en su lugar, precediendo la firma con la frase "A ruego de...".

Al día de hoy puedo decir que mi árbol genealógico se encuentra aceptablemente completo. He podido establecer sin lugar a dudas que mi familia desciende de Christian Goette (1753), casado con Maria Eva Breit (1760).

Del resto de los hermanos tengo los siguientes datos:
1. Margaretha (1742), casada con Joseph Gerber o Herber (1740)
2. Maria Theresia (1751), casada con Andreas Kloster (1751)

3. Klara Elisabetha (1751), casada con Wilhelm Kine o Kühne (1735)
4. Kasper (1756), casado con Katherina Rot o Roth (1761)
5. Friedrich (1757), casado con Elisabetha Gilter o Hilter o Hilder (1763)
6. Johann Adam (1764), casado con Anna Maria Edelmann (1770)
7. Valentin (1768), casado con Anna Schaab (1776)
Ha sido una tarea de "arquelogía" que me ha apasionado y que no doy por finalizada: mi motivación para seguir explorando y localizando nuevos datos permanece intacta y aún quedan interrogantes por responder.


ÁRBOL GENEALÓGICO
1. Christian Goette (1753), casado con María Eva Breit (1760)
Hijos:
Johannes (1778), (Semenowka?)
Franziska (1780), Semenowka
Christian (1782), Semenowka
Gottlieb (1790), Semenowka
Wilhelm (1792), Semenowka
Kasper (1795), Semenowka
Margaretha (1796), Semenowka
2. Johannes Goette (1778), casado con Barbara BRÜCKMANN (1780-6 abr 1861)
Hijos:
Christian (1802), Semenowka
Johannes (1809), Semenowka
Andreas (1816), Semenowka
Barbara (1818), Semenowka
3. Johannes Goette (1809), Semenowka, casado con Anna Maria Sack (1808-2 dic 1860)
Hijos:
Ignatheus (1833), Semenowka
Johannes (1838), Semenowka
Anton (1845), Semenowka
Andreas (1848), Semenowka
Segunda esposa de Johannes: Magdalena Ortmann (1824)
Hijo:
Christoph (1850), Semenowka
4. Ignatheus Goette (1833), Semenowka, casado con Barbara Ziegler (1836), Pfeifer. (Bárbara Ziegler, hija de Johann Peter Ziegler (1807-1851) y Bárbara (1809). Nieta de Karl Anton Ziegler (1782-1831) y bisnieta de Johann Ziegler, nacido en 1737 en Würzburg, Alemania, casado con Margaretha nacida en 1741).
Hijos:
Anton (1852), Semenowka
Johann Adam (1854), Semenowka
Katharina (1856), Semenowka
Johann Georg (1859), Semenowka
Francisco (1861), Semenowka
Pedro (1863), Semenowka
Paul (1864), Semenowka
Joseph (1866), Semenowka
Samuel (1868), Semenowka
Barbara (1869), Semenowka
Elisabetha (1872), Semenowka
5. Francisco Goette (1861), casado con Barbara Rausch (1864), Semenowka. (Bárbara Rausch hija de Anton Rausch (1834) y Konstantia Sack (1836), nieta de Heinrich Rausch (1811), bisnieta de Johannes Rausch (1787), tataranieta de Valentin Rausch (1732), Hesse, Alemania).
Hijos:
Barbara (1886), Semenowka
Ignacio (24 junio 1890), Crespo, Entre Ríos, Argentina
Andreas (1892), Crespo
Theresia (1894), Crespo
Conrado (1895), Crespo
José (1896), Crespo
Pedro (1898), Crespo
Bárbara (1899), Crespo
José (1901), Crespo
María (1904), Crespo
Pedro (1907), Crespo
Isabel (1909), Crespo
6. Ignacio Goette (1890-1949), Crespo, casado con Ana Bárbara Goettig (1887), Crespo (Ana Bárbara Goettig, hija de Johannes Goettig (1857), Pfeifer, Rusia, y Anna Maria Vogel (1857), Rusia; nieta de Johannes Goettig (1829), y Margaretha Desch (1831), Pfeifer, Rusia; bisnieta de Jakob Goettig (1795) y Maria Eva (1797); tataranieta de Georg Goettig (1768) Schuck, Rusia y Maria Eva Kaufman (1767); chozna de Heinrich Goettig (1739), Würzburg, Alemania y Anna Elisabetha (1737), Alemania).
Hijos:
Amalia (1909), Crespo
Juan Praxedes (1911), Crespo
Paulina Teresa (1914), Crespo
Ana Marcela (1916), Crespo
Ángel Ignacio (1918), Crespo
Mercedes Brígida (1919), Crespo
Teodoro Adán (1922), Crespo
Julio Eudaldo (1925), Crespo
Angélica Renée (1927), Crespo
Ricardo Pedro (1929), Crespo
La línea que corresponde a la familia Goette-Goettig está destacada en rojo.
Por razones de privacidad, no publicaré los detalles más actuales del árbol genealógico, y por razones de extensión, aquí aparece sólo la rama familiar a la que pertenezco. El árbol originado en Christian Goette, a la fecha, incluye alrededor de 600 individuos y lo enviaré en su versión completa a los familiares directos que me lo soliciten. También tengo 203 descendientes de Friedrich Goette (1757), 94 de Kasper Goette (1756) y 577 que aún no he logrado conectar a ninguno de estos tres árboles, aunque voy haciendo pequeños avances al respecto.
Relatos y vivencias...
Cuenta María Rosa...
"Un día le recité un poema a mis padres... Tendría 8 o 9 años. Mi papito se empezó a reir y dijo: "Igual que la abuela Bárbara (Rausch de Goette)!!" Contaba que el abuelo Francisco la adoraba; siempre que podían iban juntos al campo y al atardecer volvían con el carro cargado de heno para los animales que tenían en la casa de la Aldea. Ella venía sentada sobre la paja, recitando y cantando todo el camino hasta Crespo. El abuelo Francisco sufrió muchísimo por la pérdida de Bárbara y quiso dejarse crecer la barba por amor a ella. No se si finalmente se la dejó crecer pero sí se que en sus últimos momentos antes de morir mandó a llamar a toda su familia y se despidió uno por uno, dándoles la mano y deseándoles lo mejor para sus vidas."
Cuenta Elsa...
"El bisabuelo Francisco, efectivamente, se dejó crecer la barba. Llegó a tener una barba muy larga y blanca. Junto con su cabello, también totalmente encanecido, su corpulencia y sus dos metros de estatura, tenía un aspecto muy peculiar, algo así como un Santa Claus. Pasó sus últimos años bastante retraído, sentado junto a la ventana la mayor parte del tiempo que no ocupaba en sus deberes religiosos."
Cuenta Lucio...
"El bisabuelo Francisco era afectuoso con las mujeres de la familia pero muy severo y exigente con los varones. Francisco trabajaba con su hijo, nuestro abuelo Ignacio Goette, en la explotación de su campo. Así lo habían hecho toda la vida y el emprendimiento funcionaba como una sociedad hasta que en algún momento, por vaya a saber qué malentendido, padre e hijo se distanciaron. Ignacio contrajo un cáncer que lo llevaría a la tumba mucho antes que a su padre. Estando ya en su fase final, quiso ver a su padre. El bisabuelo Francisco se acercó y le pidió perdón a su hijo, quien falleció con la serenidad de haber hecho las paces con su progenitor."
Cuenta María Corina...
Mi tía Angélica me relató lo que ella a su vez escuchó de sus mayores: "Nuestros abuelos, Bárbara Rausch y Francisco Goette, trajeron del Volga algunas pertenencias de cierto valor, tal vez algunas monedas de oro, medallas, ahorros, etc. El caso es que estas cosas debían viajar bien protegidas de la codicia ajena hasta el final de la travesía. No encontró Bárbara mejor solución que coser estos objetos por el lado revés de su falda. Por supuesto que existía el peligro de que al caminar estos elementos chocaran unos contra otros y el ruido delatara lo que debía permanecer oculto... Con ingenio y paciencia recubrió los valores con tiras adicionales de género y logró eludir cualquier sospecha. El éxito de la misión de Bárbara fue a costa de su figura: Contaban quienes la vieron por aquellas épocas pasearse por la cubierta del barco con rumbo a Argentina que realmente "parecía un monumento", no sólo por los metros y metros de tela que de por sí llevaban sus faldas, sino también por todo lo que ocultaba el revés de la trama...!
Cuenta Élida...
"Los ataques de los kirguises marcaron a nuestros ancestros por generaciones... Ya en Argentina, y habiendo transcurrido más de 100 años desde la época de los ataques de estos vándalos, cuando un niño se presentaba desprolijo, poco aseado o revoltoso le decían que parecía un kirguis y eso ya era la peor de las señales! Al kirguis en cuestión le quedaban sólo dos caminos: corregirse o atenerse a las consecuencias...!"
Cuenta Any...
"El tema de la acendrada religiosidad de los Alemanes del Volga es bien conocido... Era el 20 de julio de 1969... Para ese entonces la abuela Bárbara, nacida en 1887 y con 82 años de edad, estaba pasando una temporada en casa de mis padres, en Comodoro Rivadavia. Esa fue justamente la fecha de la primera caminata lunar que nosotros, igual que otros 600 millones de personas en el mundo, estábamos viendo por televisión. La emoción era enorme! Todos observábamos y hablábamos sobre el acontecimiento, hasta que intervino la abuela, quien con tono entre afligido y preocupado nos dijo: -Ach!! No entiendo cómo ustedes se pueden creer todo eso de la televisión. No es verdad!! Es todo una película, porque "Sólo Dios puede caminar en la Luna...!!"
Cuenta Angélica...
"Soy la menor de las hijas mujeres de Ignacio Goette y Bárbara Goettig y recuerdo muy bien el revuelo que se armó el día en que mi padre compró un Chevrolet Sedan de Lujo modelo 1929, 0 km. color verde grisáceo con ribetes negros... y fue a buscarlo al puerto de Diamante junto con el Sr. Schwindt, quien por entonces se dedicaba a la venta de autos importados.
Eran épocas en que tener un automóvil era una rareza y muy pocas familias del pueblo poseían uno. Así fue como el auto de mi padre estuvo disponible en las buenas y en las malas: no sólo sirvió para salvar vidas trasladando enfermos de urgencia a Paraná, sino también para transportar a muchas novias primero al altar y luego al tradicional paseo por el pueblo a los bocinazos!!!

Mi padre celaba mucho a su auto, así que sólo lo prestaba a Juan, su hijo mayor, en situaciones extraordinarias, como trasladar a su esposa Rosa cuando se anunciaba un parto. El resto de los hijos, siendo menores de edad, no tenían permiso para aprender a manejar, todavía...

Claro está que ese coche prohibido era una tentación demasiado grande e irresistible!! Mis hermanos armaron su estrategia para usar el auto, contra viento y marea: La siesta marcaba “la hora señalada” para sacarlo del garage a los empujones, a fin de que el “viejo” no lo notara. Previo a esto, ya alguno había llegado gateando sigilosamente hasta la cama de mi padre para apoderarse de la llave que guardaba en uno de los bolsillos de su “cinturón de seguridad” (cinto de cuero con innumerables bolsillos). Tras empujar el auto al menos por una cuadra, para que no se escuchara el ruido del motor, lo ponían en marcha y salían “a dar una vueltita” luego lo regresaban a su lugar de origen y “aquí no pasó nada”!! Los que más participaban en la “aventura” eran Mercedes, Angel, Daldo y Teodoro y... había que ver sus rostros de “inocencia” tras la cotidiana fechoría!!!

Mi padre me enseñó a manejar cuando advirtió los comienzos de la enfermedad que terminaría con su vida. Lo único que no pude aprender fue a sacar y guardar el auto en el garage, por miedo a “rayar la pintura”. Félix Bione, repartidor de pan, era quien solía socorrerme en estos trances y hoy, con sus 95 años, aún se acuerda de eso!!

Corría el año 1948 y yo, una vez que aprendí a manejar, ya no me bajé del auto: hacía las compras y hasta llegué a ir a Paraná, por camino de tierra (Ruta 131) y atravesando más de 15 pasos a nivel!! A la entrada de Paraná me esperaban mi hermana Paulina y su esposo Juan Jacob. De allí hasta el sanatorio donde estaba internado mi padre manejaba Paulina, por ese entonces, una avezada conductora.

Mi padre pensó que el auto podría llegar a ser un problema después de su muerte, así que lo vendió unas semanas antes...!!! No se... tal vez en una de esas, todavía se pueda ver en alguna calle de Crespo el Chevrolet 1929 de Ignacio Goette... "


De dónde vinieron nuestros ancestros?
GOETTE: Prob. Grossenlüder, Fulda, Hesse
GOETTIG: Würzburg, Baviera
RAUSCH: Hesse
VOGEL: Prob. Weissensulz, hoy denominada Bela Nad Radbuzou, en la República Checa (Bohemia), a 47 millas de Regensburg, Baviera
ZIEGLER: Würzburg, Baviera
DESCH: Bad Orb, Hesse
BREIT: Sin identificar
SACK o SACKS: Prob. Attaching, lugar cercano a Würzburg, Baviera
KAUFMANN: Mannheim, Baden-Württemberg

El mapa señala la ruta que siguieron los inmigrantes alemanes hasta ser ubicados en las áreas de Saratov y Samara

Semenowka

Fotografía del cementerio de Semenowka, tomada por Ted Gerk en 1992. Los "corralitos" de hierro forjado rodeando las tumbas se originaron en la zona del Volga cuando los colonos observaron que en tiempos de invierno los lobos hambrientos se dedicaban a escarbar las sepulturas y descubrir los restos allí enterrados debido a que el terreno estaba totalmente cubierto de nieve y no podían encontrar alimento. (Dato por gentileza de Gerardo Waimann). Con el tiempo, esta costumbre cristalizó en la cultura de los Alemanes del Volga y la trajeron a Argentina, aún cuando aquí no tenían ni el problema de la nieve ni el de los lobos hambrientos.

Esta es una vista panorámica de Semenowka, tomada por Alois Schaab en 1984.


Semenowka fue fundada oficialmente el 24 de julio de 1767 por un conjunto de 46 familias de alemanes católicos que hacían un total de 144 personas. Antes de esta fecha siete familias alemanas ya vivían allí en chozas de adobe.

Su nombre se originó a partir del arroyo estepario Semenowka o Semenovka, junto al cual se emplazó la colonia, siguiendo las instrucciones de la zarina en cuanto a ubicar las poblaciones próximas a fuentes o cursos de agua. El arroyo se secaba en verano por lo que en la colonia llegaron a haber 225 pozos de agua.

Con respecto a su nombre, en un principio también se la conocía como "Röthling", debido a que Valentín Röthling, uno de los colonos del grupo fundador, fue su primer director local. No obstante, y a diferencia del resto de las colonias, el nombre “Röthling” no se afianzó y terminó siendo identificada según su denominación rusa: Semenowka.

La colonia, construída por la corona, fue una de las últimas de la serie inicial de fundaciones y una de las más pequeñas, según el plan de colonización. Se encuentra ubicada cerca del río Ilowlja, tributario del Don, a 9,6 km del río Volga, en su margen oeste o lado montañoso del río (Bergseite) y en aquellos años dependía de las autoridades de la ciudad de Saratov, distante 149 km de Semenowka. A unos 8 km el terreno comienza a elevarse hasta una altura de 310 m sobre el nivel del mar.

La mayor parte de los colonos fundadores provenían de distintas poblaciones de Hesse, siguiéndoles en número los nativos de Baviera. Un dato curioso es que después de la guerra de 1812 se incorporó a la colonia un ex prisionero militar del ejército de Napoleón, de apellido Borguer (Burgardt?) que decidió quedarse en Rusia. Sin embargo, Christoph Schaab habla de 17 familias francesas que fueron inscriptas sin problemas por orden de las autoridades rusas. Sea como fuere, el censo de Semenowka de 1857 no da cuenta de apellidos franceses entre los habitantes de la colonia, salvo que la asimilación hubiera "germanizado" sus apellidos.
Los años inmediatamente posteriores a la fundación fueron bastante convulsionados por temas referidos a la distribución de tierras, la adaptación de los colonos a las nuevas condiciones de vida, las cosechas fracasadas y los ataque que calmucos, kirguises y tropas de Pugachev efectuaron a diversas colonias a lo largo de esa región del Volga, sembrando calamidades, raptos, robos, incendios, violaciones y toda clase de actos terroríficos.
La calma empezó a reinar desde muy al final de la década de 1780 y duró hasta comienzos de la de 1790. En 1794 las autoridades rusas afincaron en las inmediaciones de Semenowka dos poblaciones rusas ortodoxas y les entregaron tierras que limitaban seriamente la futura expansión de la colonia, con lo que se terminó la tranquilidad. En ese momento se valoró mucho la intervención de Christoph Kühne cuyos valiosos consejos fueron sabiamente escuchados por las partes y se pudieron restablecer las condiciones para una vida pacífica y próspera.

Para el año 1798 su población ya había aumentado a 202 mujeres y 205 varones, totalizando 407 habitantes y 64 familias. Contaban con su propia iglesia, construida en 1769. El primer sacerdote se llamó A. Pozorskii o Potserskii y en 1786 se hizo cargo el superior K. Leis. Los sacerdotes fueron inicialmente de nacionalidad polaca y no tenían dominio del idioma alemán. Tampoco pusieron mucho empeño en aprenderlo ni en ganarse un lugar entre sus feligreses alemanes. Debido a constantes quejas, los sacerdotes polacos fueron reemplazados por jesuitas que cumplieron una labor pastoral, social y educativa extraordinaria. El primer jesuita en Semenowka fue el padre Johannes Meyer o Meier y también se guardaba muy buen recuerdo de otro padre jesuita llamado P. Zacharias. La colonia era el lugar de residencia permanente del sacerdote y desde allí se dirigía a prestar asistencia religiosa a otras comunidades vecinas que también estaban a su cargo: Vollmer, Köhler, Göbel y Leichtling. Los niños aprendían lectura, escritura y religión con un maestro bajo la supervisión del clérigo. Para 1803 los colonos construyeron una segunda iglesia. La tercera se levantó en 1855 con un costo de 60.000 rublos.

La iglesia de Semenowka, construída en madera en el año 1855, seguramente para reemplazar a la edificada en los primeros años de la colonia, insuficiente por el crecimiento de la población y deteriorada por el tiempo transcurrido. Esta iglesia fue benedecida en 1856.
El estilo es neoclásico y en las colonias se lo conocía como “estilo kontor” o “burocrático” por responder a un único plano confeccionado en San Petersburgo para todas las iglesias del Volga.
La torre contenía tres campanas que cumplieron en aquellas épocas un gran servicio a la comunidad. Además de sonar a la hora de los servicios religiosos, las campanas anunciaban el fin de la jornada laboral, daban cuenta de los fallecimientos, servían de convocatoria cuando era necesario congregar a los vecinos por alguna causa o comunicación extraordinaria, advertían los incendios y otros peligros y en lo peor del invierno, cuando arreciaban las tormentas de nieve, su tañido constante servía para orientar a los colonos perdidos.

A la izquierda se observa la iglesia de Semenowka, con su verja de hierro forjado. La iglesia fue desmantelada después de la guerra y la verja fue trasladad a la ciudad de Kamyshin (a la derecha), donde se emplazó alrededor del Banco Estatal. El resto de los materiales obtenidos de la iglesia se destinaron a la construcción de casas en la calle Cherepovetskaya, Volgogrado. La foto de la derecha fue tomada en 1982.

En este lugar estaba ubicada la iglesia de madera que fue destruída. Ahora hay una placa de los vencedores del trabajo socialista.


Todos los colonos se dedicaban a las tareas agrícolas (cada uno tenía una superficie adjudicada de alrededor de 30 hectáreas), pese a que entre los fundadores habían tres zapateros, dos herreros y un tejedor y en los años posteriores se agregaron nuevos inmigrantes con otros oficios. Las tierras adjudicadas por Catalina la Grande a Semenowka no tenían cualidades para la labranza por ser en parte arcillosas, en parte arenosas y salinas; las cosechas no resultaron ni aún en los años más fértiles. Así es que tuvieron que solicitar permiso a las autoridades para cultivar en zonas más alejadas y destinaron las tierras no fértiles para alojar el ganado.

Tal como consta en el censo de 1798, nuestro ancestro más lejano, Christian Goette, tenía 3 trabajadores a su cargo, poseía cinco caballos, 25 vacas, 30 ovejas y 4 cerdos, lo que hacía un total de 64 animales; en cuanto a aves de corral tenía 8 gansos, 11 pavos, 17 patos y 30 gallinas. Tanto en lo que se refiere a ganado como a aves y superficie cultivada de trigo y centeno, Christian estaba entre los mayores productores de Semenowka.

Según me ha referido David Gette, descendiente de la rama de nuestra familia que se afincó en Estados Unidos, los Goette tuvieron un gran liderazgo en la colonia, eran propietarios del molino local y estaban en una posición económicamente sólida. Si bien David no me ha especificado la fuente de esta información, parece coherente con el esfuerzo, disciplina y afán de progreso que desde un principio demostró nuestro ancestro Christian Goette.

Volviendo al tema de las carencias, a los colonos no les resultaba fácil obtener madera: por los alrededores crecían algunas pocas encinas sólo aptas para hacer fuego; debían ser muy cuidadosos para evitar que se les agotara esta única fuente de combustible. Con el propósito de paliar la situación, también utilizaban el estiércol, convenientemente tratado, para cocinar y calefaccionar sus viviendas.

Otra dificultad que debieron enfrentar fue la falta de fibras para elaborar las tan necesarias sogas y tejidos: las tierras adyacentes no resultaron aptas para el cultivo del cáñamo ni del lino.

Utilizaban arados de hierro y bueyes para arar y no fertilizaban la tierra. Las cosechas de trigo, avena y centeno eran buenas, pero el resto de los granos era mediocre. Cada año, una significativa cantidad de la cosecha era comida por los topos. En el verano de 1798 se devoraron casi la mitad de la superficie cultivada. Los colonos conocían una única forma de exterminarlos, que consistía en inundar sus madrigueras, pero la plaga era tan numerosa que les resultaba imposible exterminar a todos. Parte de las cosechas se vendía y parte se conservaba en un granero común a todas las familias, para cubrir las necesidades durante el año.

Ni el trazado de la colonia ni las casas se parecían a los estilos que nuestros ancestros conocían de Alemania. Tenían calles rectas formando un monótono y perfecto damero; las casas eran rústicas pero bien conservadas, hechas de madera debido a que no contaban en la zona con canteras de piedra adecuada para la construcción. En la zona del Volga se carecía de vidrio para las ventanas en las primeras décadas, de modo que lo suplieron con “vidrio orgánico”: piel de vejiga de cerdo tensada, secada y clavada en los marcos. Naturalmente, esto daba por resultado interiores oscuros. Por lo general, contaban con dos habitaciones, una más pequeña destinada a los padres y una más grande para el resto de la familia. El cuarto de los padres contenía una cama doble con postes en las esquinas y una cortina alrededor; en la cabecera grababan sus nombres y el año de casamiento. Era de rigor contar con cobertores y almohadas de pluma sobre la cama. Los patios tenían cercas de madera y próximo al río Ilowlja cultivaban algunos jardines.


Antes de la deportación de 1941 esta casa perteneció a la familia Siebert.


Las familias eran muy numerosas, de manera que la colonia siempre contó con una muy importante población infantil que, naturalmente, utilizaba las calles y adyacencias como "patio de juegos" con todo el alboroto que es de imaginar. Cuenta Christoph Schaab en sus memorias que aún en la década de 1870, cuando era necesario llamar a silencio y despejar las calles de Semenowka del bullicio infantil, bastaba con advertir en voz alta "Escuchen!...Están viniendo...!!". Inmediatamente, como por arte de magia, desaparecían todos los niños y el orden y la tranquilidad quedaban restablecidos hasta el día siguiente. Los que "estaban viniendo" era una clara alusión a los kirguises cuyos ataques vandálicos fueron recordados con terror por más de 100 años.

En la foto se ve la escuela estatal, que fue construída en 1890 y demolida en 1978. Foto tomada por Alois Schaab.


La casa que se observa perteneció a la familia Edelmann hasta 1930. Para entonces fueron deportados a Siberia y la casa fue expropiada, instalándose allí el correo. La foto fue tomada en 1965 por Alois Schaab.

Aún cuando para 1798 todavía no tenían huertas, ni apiarios ni molinos, es interesante observar que con el transcurso del tiempo los habitantes de Semenowka, trabajadores, tesoneros e industriosos, supieron luchar contra la adversidad y fueron encontrando formas de subsistir y superarse económicamente. Eso es más que evidente cuando observamos las cifras que arrojó el censo de 1857: 1515 varones y 1411 mujeres, totalizando 2926 habitantes; vale decir que en el transcurso de 90 años la población se incrementó en un 20,32%!! El desarrollo de la estructura productiva de Semenowka, a esa altura, ya tenía la solidez suficiente como para dar soporte a este inusitado incremento de la población.
Con el tiempo Semenowka tuvo un mercado, dos ferias, una mantequería, producción de pan que se vendía en las colonias vecinas y dos molinos. La feria funcionaba dos veces por año, en primavera y en otoño. Duraba tres días, realizándose una el primer domingo después de Pentecostés y la otra el segundo domingo después del 8 de septiembre, vendiéndose en ellas las diversas mercaderías que producían los colonos.
Semenowka desarrolló tempranamente, a partir del año 1800, la producción de ruedas de madera y carros, industria que tomó mucho auge. Para ello compraban la madera necesaria en distintos lugares. Les llevaba unos seis días fabricar una rueda con sus respectivos rayos y otros seis o siete días hacer un carro. Habitantes de otras localidades de la región acudían a Semenowka para comprar ruedas y carros, pero además, los productores salían a venderlos a otras colonias.

La mujer no fue ajena a la pujanza lograda en la colonia: Trabajadora y responsable por naturaleza, sus obligaciones comenzaban a las 05:00 con el ordeñe de las vacas y la preparación del desayuno para toda la familia, siguiendo con el almuerzo, merienda y cena a lo largo del día, más los menúes especiales para los casamientos y demás festividades. Debía encargarse de la elaboración de la manteca, quesos y demás subproductos de la leche como así también del pan diario, tortas, pasteles y conservas. Corrían bajo su responsabilidad todos los quehaceres de la casa y la crianza de los hijos, más el hilado de la lana, el tejido y la confección de la vestimenta completa para el hogar y toda la familia. Era la mujer quien se ocupaba de atender a los enfermos e inválidos y quien debía enseñar a las hijas mujeres todos los conocimientos y habilidades necesarios para administrar un hogar antes de llegar al matrimonio. Con todas estas obligaciones, aún debía encontrar tiempo para cuidar la huerta, el jardín y las aves de corral. Adicionalmente, en tiempo de cosecha colaboraba en el campo y se responsabilizaba por toda la alimentación de propios y ajenos mientras duraban las faenas.
Desde fines de la década de 1870 comenzó el éxodo de colonos: 52 familias partieron de Semenowka alrededor de 1876 con rumbo a América y en 1886 se sumaron otras 62. Pequeños grupos fueron emigrando luego, hasta cerca de 1920, asentándose principalmente en Argentina, Brasil, Estados Unidos y Canadá.

Quienes no emigraron antes de la revolución rusa sufrieron los estragos de la gran hambruna de 1921 y gran parte de los sobrevivientes, con el correr del tiempo, terminaron deportados a Siberia.

Crespo y la casa de mis bisabuelos

Por aquellos días de febrero de 2007 caminaba sin rumbo fijo las calles de la “aldea”, como decían en mi familia cuando era chica.
Caminaba los pasos de mi madre, mis tíos, abuelos y bisabuelos... Caminaba tratando de imaginarme cómo habría sido la vida por aquellos tiempos en la Aldea San José, qué cosas habrían visto cotidianamente esos otros ojos... En eso estaba cuando divisé la torre del templo.
Iglesia del Espíritu Santo, Parroquia San José, Crespo, Entre Ríos


“Tengo que visitarlo!”, me dije. La vida y los eventos más importantes de mis antepasados pasaron por allí! Mas no contaba con que la puerta de la iglesia estuviera cerrada (en buena hora!!).
Hice todo un rodeo al predio observando y admirando la iglesia del Espíritu Santo de la Parroquia de San José desde diferentes ángulos, comprobando su estilo gótico nítido y despojado. Evidentemente, ha sido un acto de estricta justicia declararlo monumento provincial y municipal.


Vista lateral de la Iglesia del Espíritu Santo


Gracias a este rodeo di con la oficina parroquial adyacente donde me prestaron la llave para ir a visitar la iglesia. Desde luego que primero me identifiqué y comenté que era bisnieta de Francisco Goette y Bárbara Rausch y de los Goettig, familias fundadoras de la Aldea (1888) y que me encontraba de visita recorriendo la ciudad de Crespo. De inmediato me informaron que el mismo arquitecto que había hecho la iglesia también había construido la casa de mis bisabuelos, justo a un costado del templo, cruzando la calle, y que ahora el municipio la estaba acondicionando para convertirla en museo. Ese fue un notición. No había pensado en localizar y visitar la casa de mis bisabuelos, no sabía si aún estaba en pié y mucho menos tenía idea de que ellos hubiesen puesto tanto celo en construirla, al punto de contratar al mismísimo arquitecto que hizo la iglesia, cuestión que por aquellos años debe haber sido “palabras mayores”. En ese preciso momento la visita a la casa se me convirtió en un imperativo urgente e ineludible.
Vista aérea de lo que era la Aldea San José, en Crespo, en el año 1928. Foto tomada en el museo de Crespo en 2007. La casa de nuestros bisabuelos, a la derecha de la Iglesia, tiene una marca roja.

De todas maneras, “primero lo primero” –me dije- y me encaminé, llave en mano, a visitar la iglesia.

Me encontré con una puerta robusta, un interior sobrio y majestuoso al mismo tiempo, muy bien cuidado, con una luminosidad tamizada, un precioso altar principal, una importante pintura de la Santísima Trinidad en la bóveda, otras pinturas sobre las paredes cercanas; también observé los altares laterales, los bancos añejos, sólidos, las estaciones del Vía Crucis, las imágenes, las arañas, los confesionarios, el piso de mosaicos de aquella época...

Interior de la Iglesia del Espíritu Santo

Me senté un rato en un banco, inmóvil, viendo pasar por el recinto tantas misas, oraciones, promesas y devociones... Estar en el lugar donde mis ancestros recibieron los sacramentos y desplegaron su vida religiosa fue una emoción mucho mayor de lo que hubiera podido imaginarme. Esa iglesia era testigo de momentos muy trascendentes en sus vidas, desde el principio hasta el final: bautismos, confirmaciones, comuniones, matrimonios y defunciones.
Pasó un rato largo hasta que pude “volver a la realidad”.

Dejé la iglesia, crucé la calle, a la derecha del templo, y ya estaba frente a la casa de mis bisabuelos Francisco Goette y Bárbara Rausch de Goette.

Si bien la casa estaba “en obra”, aún conservaba su aspecto original. Pude apreciar de inmediato que tenía detalles distintivos que la diferenciaban de las tradicionales casas de los Alemanes del Volga: puerta de entrada principal dando hacia la calle, molduras y ornamentos en la fachada, el techo terminando en una balaustrada decorativa, vereda de mosaicos con dibujos de la época. Evidentemente, había sido una casa pensada, elaborada con detalles de buen gusto; no se habían limitado sólo a las funcionalidades que requiere la vida familiar.


Vista del frente de la casa

Vista lateral
Detalle de ornamentos en la fachada de la casa

Tras tomar algunas fotos me introduje por el patio que encontré al costado. Allí pude ver la antigua galería embaldosada, las tapas de acceso al sótano, las puertas laterales de la casa y no mucho más que eso. Si bien tenía la esperanza de encontrar alguna persona trabajando en las refacciones y así aprovechar para recorrer también el interior, mi esperanza se vio frustrada: nadie estaba en el lugar y los trabajos daban la impresión de estar paralizados.

Con mucha resignación debí abandonar mi intento de ingresar a la casa; tal vez nunca tendría oportunidad de verla en su versión original.

Sin embargo, el curso de los acontecimientos diría otra cosa: Volví a Crespo en marzo de 2008 con motivo de un encuentro de primos Goette-Goettig. Para entonces, mi prima Ana Battagliero Goette me tenía reservada una espléndida sorpresa: había conseguido que le prestaran la llave de la casa y pudimos recorrerla observando y fotografiando muchos de sus detalles.

Entramos por el costado, donde estaba la galería, de modo que el recorrido se hizo desde la parte de atrás hacia adelante.


Algo que llamó mucho mi atención fue la forma tradicional de asegurar las puertas desde el interior; habían colocado trancas tan fuertes, tan robustas, tan firmemente aseguradas a soportes de hierro amurados en las gruesas paredes que –en mi opinión- hubieran podido resistir los embates del delincuente más empedernido! Dado que además de la tranca las puertas tenían su correspondiente cerradura con llave, asocié las fuertes medidas de seguridad con los resabios que dejaron en la cultura de los Alemanes del Volga los acontecimientos vividos en Rusia, tras los ataques de los kirguises y otros vándalos que asolaron más de una vez la región. Recordé de inmediato el relato que me hizo hace muchísimos años uno de mis tíos: en Rusia, cuando los hombres se iban a trabajar al campo dejaban a sus familias encerradas en las casas por temor a nuevas incursiones, raptos y robos.



Detalle de la tranca interior de una de las puertas

Las ventanas, bien altas, de dos hojas, estaban todas protegidas por postigos y celosías de madera.
Lamenté profundamente que la cocina ya no existiera más, puesto que sabía que ese era el lugar donde transcurría la vida familiar.

Al final del recorrido llegamos al pasillo distribuidor que partía de la puerta principal que daba a la calle hacia los otros ambientes. Allí estaba reservada la mayor de mis sorpresas: mis bisabuelos habían dedicado tiempo, dinero y esfuerzo a los aspectos estéticos de la recepción! Ambas paredes estaban recubiertas por pinturas de escenas muy simples, ingenuas y coloridas, como si hubieran sido tomadas de un libro de lectura escolar. Lo más curioso fue que el autor le pintó a casi todos los cuadros un marco, simulando ser todos ellos “cuadros colgados de la pared”, cuando en realidad eran murales que habían resistido muy bien el paso de 100 años!!






En este mural se nota claramente la pared agrietada.